Por Héctor Williams Zorrilla
Ahora sabemos que el universo de donde vinimos y al cual pertenecemos, se mueve constantemente sin las marcas del tiempo que los humanos hemos inventado. Y que todos los movimientos de cualquier partícula del universo nos afectan a todos los que somos partes de este universo infinito que se mueve constantemente y posee recursos ilimitados.
El universo no conoce limitaciones y se mueve siempre y constantemente en favor de la vida. La física cuántica nos enseña que lo único que rige y dirige los movimientos del universo es el ahora, lo que ocurre en el presente inmediato mientras sucede. Todas las respuestas del universo se producen en el único “tiempo” conocido por la macro y micro realidades del universo: El ahora eterno.
Esa realidad inviolable, el ahora eterno, es una de las razones por las cuales no hay desperdicios ni casualidades en las respuestas del universo. Todo lo que ocurre, tangible o intangible, tiene propósitos en y para el universo infinito que permea e influye todas las formas de vida.
Primero, todo lo que ocurre en el universo, que incluye todo lo que nos ocurre a los humanos, contiene un propósito en el marco de un universo que se rige por el orden, no por el caos. No existen desperdicios ni casualidades en las respuestas y movimientos del universo.
Segundo, como el universo siempre trabaja en nuestro favor y para nuestro beneficio, todos sus movimientos son respuestas a nuestras peticiones, oraciones, meditaciones, reflexiones, pensamientos, auto-conversaciones, creencias, acciones, etc. Todo lo que ocurre en el universo se dirige a satisfacer necesidades creadas por alguien o algo que es parte esencial del universo.
Nosotros somos responsables de todo lo que somos y recibimos del universo. Porque, o nos movemos en balance, armonía y sincronía con el orden de sus riquezas infinitas para nuestro favor y beneficio en el ahora eterno, o ejercemos nuestra libre voluntad para vivir en desbalance y desarmonía con las leyes y los principios del universo que sostienen nuestra existencia en sus manos.
Nosotros siempre elegimos cómo deseamos vivir nuestras vidas, por lo general, guidados por nuestra falta de consciencia, luz y entendimiento espiritual. Y todas las respuestas y decisiones de la vida dentro del universo infinito tienen consecuencias, unas positivas y satisfactorias, y otras negativas e insatisfactorias. Pero las dos formas de respuestas contienen propósitos y lecciones específicas para aprender.
La ley de la gratitud nos invita a vivir en el ahora del universo. Cuando vivimos conscientes de la ley de la gratitud en nuestro diario andar, vivimos en consonancia con la vida, con todas formas de vida. Vivimos en armonía y sincronía con la naturaleza, conscientes de que ella nos dio la vida y nos sostiene en la vida. Vivimos en armonía y sincronía con todo lo que somos como seres humanos individuales y socio-culturales, empezando con nuestros procesos mentales, nuestras creencias, nuestros afectos y nuestras acciones o conductas.
La ley de la gratitud nos permite aceptar y apreciar todo lo que hemos sido, lo que somos ahora, y hacia dónde nos dirigimos en el ahora eterno del universo. Lo que somos es lo que somos, siempre con una dirección positiva.
La ley de la gratitud es una magia poderosa, que nos enseña a amarnos incondicionalmente y a vivir nuestra existencia en el ahora eterno. La ley de la gratitud nos ayuda mantenernos conectados con las cosas que más nos importan, y con los valores que más añoramos y apreciamos. Cuando estamos guiados por la ley de la gratitud, no damos por sentada la vida, y mucho menos nuestras vidas. Las valoramos inmensamente desde lo más pequeño hasta lo más complejo que nos sucede. Y las aceptamos como un acto de creación colaborativo con el universo infinito.
El universo es perfecto y sin desperdicio.
La ley de la gratitud nos permite vivir como componentes intrínsecos de este universo, y en perfecta armonía y sincronía con sus propósitos y beneficios para nosotros. Los resultados y las consecuencias saludables de la ley de la gratitud nos permiten vivir una vida más saludable, porque nos movemos en el ahora eterno del universo. Siempre agradecidos de la vida y conscientes de vivir la mejor vida que podemos y merecemos vivir.
La ley de la gratitud nos permite descubrir o recordar que nuestra vida es bella, digna, invaluable, amorosa y tierna. Y que cada momento del ahora que la vivimos nos pertenece a nosotros, y está allí para que lo disfrutemos al máximo como si fuera el único y el último.
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